La violencia y la corrupción marcaron el sexenio de Peña Nieto que concliue hoy

El presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, concluye hoy su mandato marcado por la baja popularidad y unos niveles de corrupción y violencia históricos que han dejado en un segundo plano la importancia de las reformas estructurales puestas en marcha.

Entre los pocos signos positivos de su gestión destaca la firma hoy del tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) después de largos meses de negociación y tensión para renovar el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN).

La firma del nuevo tratado en Buenos Aires, aprovechando la reunión del G20, constituye un alivio para las empresas de los tres países, después de la feroz oposición del presidente de EE.UU., Donald Trump, a la renovación del acuerdo.

Pero por encima de los logros económicos la violencia y la corrupción han sido la constante del sexenio de Peña Nieto.

El segundo semestre de 2014 resultó, por ejemplo, un obstáculo insalvable en su administración.

De la matanza de Tlatlaya a la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotiznapa y la cuestionada compra de la llamada Casa Blanca, Peña Nieto entró en una vorágine que lo envolvió los siguientes años y de la que no pudo salir.

El alza a los combustibles, la visita del entonces candidato a presidente de EEUU, Donald Trump, el creciente aumento de la violencia y la inseguridad y el desvío de recursos públicos de varios gobernadores y funcionarios públicos agravaron su imagen.