Rumberas arrepentidas “Vende caro tu amor, aventurera…”

Es ella. La inmarcesible. La retadora de la vida. La orgullosa de sí y ausente de todos. En su rostro hay pesar, pero también dignidad y reto. Entra vestida en su traje refulgente de brillitos, exactamente ajustado a su colosal figura femenina… Por Joel Hernández Santiago* *jhsantiago@prodigy.net.mx Entra al salón de fiestas en donde hay humo de cigarros y mesas con vino y a las que hay parejas indiferentes que se abrazan en tanto que ella pasa, camina lento, fuma… se recarga en una columna para lucirse toda ella, retoma el paso archi-sensual, cruza el salón, la cámara sigue sus caprichos… … Fuma y escucha, mira alrededor con desdén, no le importa… Su belleza contrasta con la rigidez del lugar en donde todo es ella. Pedro Vargas la ve pasar y sigue describiéndola porque para ella se hizo el himno de su vida azarosa: “Vende caro tu amor, aventurera, dale el precio del dolor, a tu pasado, y aquél, que de tu boca la miel quiera, que pague con brillantes tu pecado … Has menos escabroso tu camino: vende caro tu amor, aventurera…”. Y nuestros padres rechinaban los muéganos con más fuerza, apretaban las palomitas hasta dejarlas estranguladas, la nieve [...]