El “Me Too” dominicano o el estallido antimachista

SANTO DOMINGO. Para algunos analistas del feminismo, la República Dominicana está viviendo un estallido antimachista y de rechazo a las prácticas de abusos sexuales que se evidenció en la reacciones de días recientes ante situaciones que vulneran los derechos de la mujer.

Torcer la voluntad de la Liga Dominicana de Béisbol (Lidom) para que el torneo de pelota no se dedicara a Leonardo Matos Berridos, expresidente de esa organización que hace 36 años mató a su esposa; las manifestaciones contra el comunicador Pablo Ross, acusado de abusar sexualmente de su hijastra; o las críticas a un periodista que cuestionó el uso de pantalones cortos entre las féminas, son reacciones espontáneas de una sociedad más consciente de sus derechos y de los derechos de las mujeres. Así lo plantean la antropóloga Fátima Portorreal y la sicóloga y feminista Virtudes de la Rosa Hidalgo.

Ambas reconocen las influencias que las luchas y movimientos internacionales tienen sobre el momento histórico en que se encuentra el país pero, sobreponen la lucha que por años ha desarrollado una minoría feminista en favor de los derechos.

“Hay un contexto histórico particular que se ha unido a ciertos grupos de clases sociales y ha permitido que las mujeres adquieran cierta conciencia, unido a ese contexto de globalización y de medios en el mundo donde se están dando procesos también históricos”, expone Portorreal.

Desde mediados de 2017, en el contexto internacional se han sucedido las confesiones de víctimas de abusos sexuales, sobre todo mujeres, que han decidido compartir en público historias que callaron por años. Las voces de esas víctimas fueron dando cuerpo al movimiento conocido ya como Me Too, visiblemente acuñado por personalidades del mundo del espectáculo y que encuentra apoyo en organizaciones que luchan por los derechos femeninos.

En el país, con una fuerte cultura machista y alta incidencia de violencia de género (se reportan 38 feminicidios de enero a junio de este año) el movimiento no ha tenido una representación visible, aunque figuras nacionales del espectáculo han hablado de los abusos que sufrieron. Las presentadoras Nancy Álvarez y Kiara Romero denunciaron que fueron abusadas sexualmente de pequeñas, y las periodistas Milagros Beras y Carol López que recibieron acoso de parte del locutor Pablo Ross.

“El caso de República Dominicana no es una moda, no es Hollywood. Si lo llevas por ahí se desvirtúa un proceso muy rico que se lleva en el país sobre el tema de la violencia” advierte Virtudes de la Rosa, y resalta el trabajo acumulado del movimiento feminista en el país.

Indica que hoy más mujeres denuncian el maltrato y la violencia, el hecho de que exista un Ministerio de la Mujer, y los avances logrados en cambiar la visión de que el maltrato no es un problema de la mujer ni de la pareja, sino de las instituciones.

Portorreal, a su vez, insiste en que la denuncia de la violencia, tanto en términos de acoso como incesto, va más allá de la época.

“Aquí ha predominado una cultura patriarcal donde los hombres han tenido siempre control de las mujeres y de la sexualidad, mientras a las mujeres se les castigaba con muerte y violación cuando hacían cosas contrarias a esa moral de la que eran símbolo”.

Señala que hoy día la mujer vive expuesta a situaciones constantes de acoso, incestos y feminicidio, pero también tiene más acceso a información y educación, lo que ha creado las bases para que tengan más conciencia y con el tiempo se haya ido apoderando de su cuerpo.

“Yo podría llamar a este momento como el corte histórico. Pequeño pero importante”, concluye.