La rampante vorágine de violencia que heredará el gobierno entrante de México

En plena calle, cadáveres se desangran por sus múltiples impactos de bala. Bajo tierra, miles de cuerpos yacen en fosas clandestinas. En las montañas, militares y narcotraficantes se enfrascan en guerras armadas. Estas escenas se han vuelto comunes en un México cada vez más acorralado por la violencia. Pese a su gran promesa de un “México en Paz”, Enrique Peña Nieto entregará este año la presidencia al izquierdista Andrés Manuel López Obrador con cifras récord de homicidios, desapariciones, y un ejército armado hasta los dientes desplegado en las calles para tratar de contener la creciente vorágine de terror que ejercen las bandas del crimen organizado. Ese despliegue antidrogas está en vigor desde 2006 y ha generado una ola de violencia que desde entonces deja más de 200.000 asesinatos, 30.000 desaparecidos, así como denuncias contra los uniformados por violaciones, ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas. En tanto, las pugnas entre narcos no cesan: cadáveres de personas de todas las edades son hallados frecuentemente baleados, desmembrados, decapitados, colgados de los puentes, metidos en bolsas de basura, expuestos en las calles o escondidos en fosas clandestinas en todos los estados del país, incluso aquellos que eran considerados seguros hace unos años. Cifras negras  México [...]