El zapatismo, entre la oposición a López Obrador y el reto de ampliar su base

Silencio sepulcral. El subcomandante Galeano, anteriormente “Marcos”, acaba de subir al escenario fumando su icónica pipa mientras centenares de indígenas y campesinos aguardan impacientes su discurso en la Selva Lacandona del sureño estado mexicano de Chiapas. Con su tradicional estilo narrativo e irónico, Galeano cuenta un cuento que narra un enfrentamiento entre él mismo y unos niños por ver quién se come “la última mantecada del sureste mexicano”. La moraleja que se extrae del cuento retrata la ideología del zapatismo: “Debí haber compartido la mantecada”. Este mes, se cumplen 15 años desde que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), entonces liderado por Marcos, estructuró el territorio chiapaneco que se encontraba bajo su control en cinco regiones conocidas como “caracoles” y dirigidas por las denominadas Juntas de Buen Gobierno. Para celebrarlo, el movimiento zapatista y sus simpatizantes se encontraron durante varios días de este agosto en la sede del caracol de Morelia, cerca de la montañosa población de Altamirano. Insurgentes del EZLN, con sus icónicos pasamontañas, convivieron con campesinos, indígenas, activistas extranjeros y curiosos en este campamento, decorado con grandes murales dedicados a la emancipación de las mujeres y a referentes como Emiliano Zapata. Además de las numerosas actividades culturales [...]